Comunidad
De Indianopedia
Puede ser llamada comunidad real cualquier cluster o red social perfectamente distribuida, es decir donde todos los miembros se relacionan con todos los demás en un ámbito no jerárquico, que comparta una interacción sostenida en el tiempo y donde los nodos se reconocan unos a otros una identidad común.
Aunque las comunidades puedan articularse en torno a un tema o una persona, ni se crean artificialmente ni, en principio, han de tener una finalidad. Las comunidades son redes distribuidas y por tanto están definidas sobre la interacción no sobre la participación (se participa en lo de otros se interactúa con otros).
Lo esencial para la existencia de una comunidad no es el mecanismo de resolución de conflictos (por ej las eventuales votaciones), que implican generalmente o la ausencia de comunidad real o la generación artificial de escasez, sino una interacción lo suficientemente potente como para que emerja espontánea y sostenidamente una identidad.
Conocimiento, comunidad y fraternidad
Sin comunidad no existe conocimiento puesto que este sólo se desarrolla en un determinado contexto. El desarrollo de ese conocimiento específico, de ese saber particular, genera una identidad y hace emerger un gusto por estar juntos que llamamos fraternidad.
Las capas de cebolla de la comunidad
Toda comunidad se desarrolla en un espacio conversacional más amplio de libertad y si tiene que enfrentar decisiones colectivas genera una subred, un núcleo (el demos) en el que la igualdad permite la toma de decisiones sin conflicto. El espacio propio y definitorio de la comunidad es pues un espacio intermedio, definido por la fraternidad.
Un "mapa" de las capas de cebolla de la comunidad podría seguir los tres grandes conceptos revolucionarios:
- Libertad, a todos los efectos equivalente a plurarquía, puede existir donde opere la lógica de la abundancia, define a la gran red social en si misma, el espacio en el que surge y que rodea a la comunidad.
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- Fraternidad, toda comunidad no es más que un cluster distribuido, un grumo en el que la interacción se hace sostenida en el tiempo y en el que emerge una identidad real común y por tanto un gusto por estar juntos que la define en el entorno. La comunidad es un ámbito de deliberación que por tanto no renuncia a la libertad ni deja de funcionar pluriárquicamente, pero que se establece como espacio diferenciado, propio, precisamente por la aparición de la fraternidad entre sus miembros.
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- Igualdad, cuando una comunidad se enfrenta a la gestión de escasez la fraternidad y la libertad se convierten respectivamente en coagulante y disolvente. La primera impele a seguir juntos, la segunda garantiza el marchar como un derecho. Pero ninguno de los dos principios ayuda a estructurar el paso de la deliberación a la decisión colectiva. Sin embargo, en cualquier comunidad suele aparecer un sub-cluster, una subred en la que los nodos se hacen solidarios entre si al punto de considerarse indiferentes sobre quién tome decisiones ejecutivas o asuma tareas que afecten al grupo. Esta subred es el demos y la naturaleza que le define es el principio de indiferencia, materialización de la igualdad en una red.
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Origen del uso político del término
Cuando entre el siglo XI y XIII en toda Europa los artes obtienen la autonomía política para las ciudades, se inaugura una forma completamente novedosa de legitimación del poder: Los magistrados de los burgos ejercen su poder en nombre de la communitas (comunidad) o la universitas civium (conjunto de ciudadanos) y no en el del Príncipe civil o de la Iglesia, pero tampoco en el de la fraternidad que une entre si a los artesanos.
La comunidad sin embargo no estaba definida de un modo banal. Por el contrario exigía una identidad y relaciones materiales fuertes de cada uno con el conjunto. Nos cuenta Prirenne:
- Tanto en las ciudades donde había jurados como en las que carecían de ellos, los ciudadanos constituían un cuerpo, una comunidad, cuyos miembros eran todos solidarios los unos respecto de los otros. Nadie era burgués si no prestaba el juramento municipal, que lo vinculaba estrechamente con el resto de burgueses. Su persona y sus bienes pertenecían a la ciudad, y tanto éstos como aquélla podían, en todo momento, requisarse si era preciso. No se podía concebir al burgués de forma aislada, como tampoco era posible, en épocas primitivas, concebir al hombre de manera indiviadual. Se era persona, en tiempos de los bárbaros, gracias a la comunidad familiar a la que se pertenecía, se era burgés, en la Edad Media, gracias a la comunidad urbana de la que se formaba parte.
En la península ibérica, la revolución comunera de 1520 inaugura también el uso político de la palabra comunidad como sinónimo de revuelta. Y aunque de hecho la comunidad castellana es una asamblea al estilo de las comunas burguesas medievales y su plural no representa otra cosa que la coordinación de das distintas asambleas urbanas, al español pasa a significar pura y simplemente revolución política. Quijote, aconsejando a Sancho sobre el gobierno de la ínsula barataria, dice:
Te han de quitar el gobierno tus vasallos o ha de haber entre ellos comunidades
Quevedo, la mayor gloria del reaccionarismo ibérico de todos los tiempos, usaba comunero como sinónimo de sedicioso y en la misma línea el primer Diccionario de autoridades de la RAE recogía esta acepción:
Comunidades: Levantamiento y sublevaciones de los pueblos contra su Señor



