Ethos indiano
De Indianopedia
Llamamos ethos indiano a un conjunto de valores que sustentan prácticas cotidianas de convivencia y modos de relación, entre nosotros y con el mundo, que se han ido destilando a lo largo de los años a partir de nuestra práctica vital compartida. Más allá de las clásicas fides, pietas y virtus que son la base de toda convivencia fructífera, algunas ideas recurrentes durante estos años podrían ser:
Lo que hacemos genera significado
La vida en la filé es un pack, la filé no es una empresa, ni siquiera es nuestra empresa, en todo caso la filé es ante todo una comunidad con un proyecto vital compartido que se expresa a través de su acción, incluida aquella que tiene lugar en el mercado. Como dice la presentación de la Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas:
- Pensamos que el conocimiento que permite hacer cosas hermosas y socialmente útiles no puede ser sólo un conocimiento técnico, ha de contener un significado social, una ética del trabajo y una visión del mundo. Los objetos que se ofrecen en el mercado son portadores de mundos, de proyectos sociales y visiones morales. Queremos ser un Arte, un Arte dedicado a la creación de objetos con significado.
Dado que nuestro trabajo genera significado a través de objetos y servicios, de los indianos se espera que nos comportemos en las relaciones sociales de forma coherente a como entendemos el trabajo. Esta moral básica comienza con las viejas virtudes de la fides (respeto por la palabra dada), la virtus (coraje y superación personal por el bien común) y la pietas (lealtad, cuidado y sentido del deber hacia la comunidad y la familia).
Todos hacemos de todo
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Decía Robert Heinlein que especializarse es para los insectos y en el lado opuesto del mapa ideológico Marx se daba cuenta de que liberar las fuerzas productivas y acabar con la alienación tenía que ver con romper la cosificación, la robotización de las personas al confinar sus capacidades a un espacio limitado fuera del cual su capacidad para aprender o hackear dejaba de generar significado, de tener sentido.
Ni uno ni otro vivieron en una época en la que la individualización de la tecnología y la emergencia de la comunicación distribuida permitieran mantener productividades suficientes como para asegurar el bienestar de una comunidad sin una rabiosa especialización. Hoy es diferente y por eso precisamente estamos descubriendo las Indias Electrónicas.
En las Indias no hay tareas de cada cual, hay preferencias, gustos, ganas de aprender y necesidad de sacar cosas adelante. Hoy por la mañana puedes tener que entender la geopolítica del Caspio para leerte un informe de posicionamiento, por la tarde hacer que un plugin de wordpress sirva para algo diferente de lo que se creo y a la hora de la comida puede que quieras probar a cocinar tu. Aquí no hay analistas ni programadores ni cocineros. Hay indianos. Bienvenido.
Equivocarse no es problema
Nos equivocamos todos los días, aprendemos a cada minuto. Nunca hubo una bronca ni un problema por equivocarse en una tarea. Nuestra igualdad se alcanza no por la confianza en que el otro no se equivocará sino en que aprenderá de todo cuanto haga y su práctica no estará fuera del ethos.
No hace falta ser un genio ni un erudito
No se trata de ser un genio e intuir la respuesta a cualquier cosa al vuelo, se trata de tener la paciencia de discutirlo todo y buscar fuentes e inspiraciones allá donde estén, la red es grande, las bibliotecas también. Los saberes están ahí fuera.
No se trata tampoco de tener un culturón, se trata de tener curiosidad para leer y documentar, poner en duda todo y dejar que lo que construyes encaje con lo que construye el resto.
Dentro y fuera
Como en toda ética comunitarista es fundamental la divisoria dentro/fuera. Cada cual tiene su dentro, el conjunto de personas que forman su gente, pero al superponerse unos a otros hay una intersección común, voluntaria y compartida que es precisamente lo que llamamos comunidad y a lo que se supone una identidad común. Hay un dentro común, unos dentro de cada cual que incluyen el común y muchos fueras distintos.
Si sientes que tus recursos, tu tiempo y tu pasión han de estar en otro sitio construyendo otra cosa, tienes que estar en ese otro sitio, no hay drama... a no ser que pongas los recursos escasos comunes a trabajar por algo que no responde a lo común. Lo que es fuera para todos menos para ti, no puede estar por delante de lo que está dentro para todos.
Por otro lado, a mucha gente le llama la atención que los indianos no salgamos juntos, no nos veamos -salvo visita ilustre o acto público- durante los fines de semana o las vacaciones. Es porque entendemos que lo que está fuera de lo que hacemos colectivamente es importante también. Que esa parte del dentro de cada cual que no es compartida con los otros ha de ser cuidada, atendida y vivida por cada uno.
Construir una vida personal y propia, dentro y fuera
No puede confundirse el par dentro/fuera con el par colectivo/personal o el par trabajo/vida personal… porque si lo personal queda fuera, fuera de lo que ocupa más tiempo en nuestra vida, qué sentido tendría el amor del artesano por su trabajo y si nuestros iguales quedan en el fuera qué sentido tendría la igualdad en el demos de los demócratas económicos.
La clave es conquistar para lo personal, lo propio, lo que nos hace mejores la vida entera, el trabajo y la dimensión pública también. Hacer de todo personal. Hacer de nuestra vida una vida personal. Y distinguir entre lo que hace a nuestros distintos proyectos compartidos, a nuestras distintas identidades dejando que se solapen y a veces… se contradigan. Entonces lo personal será, además humano.
La lógica del trabajo como pluriespecialista no sólo está en la base dela igualdad del demos, también expresa esa necesidad de personalizar la vida, de liberarse de las categorías de la especialización y el trabajo asalariado para simplemente hacer y aprender haciendo, sin imponer nada a nadie ni recibir imposiciones de los demás.
No hay lugar para la estrategia dentro
A los indianos nos encanta la estrategia. Seguimos a los grandes sujetos internacionales y la geopolítica del nuevo mundo con pasión de friki. Sus evoluciones son juegos estratégicos: las acciones de cada uno están motivadas por la reacción esperada en los demás, reacción que reconfigura el tablero y el juego de posiciones de los agentes. Cada uno de ellos espera comunicar para colocar a los demás en la posición más ventajosa posible para si mismos. Visto desde fuera es un juego de continuas dobles intenciones y objetivos entrevistos donde las correlaciones de fuerza son medidas continuamente.
No hay antítesis más clara de la fraternidad y el tipo de relaciones que se sustentan en ella. Aceptar la estrategia como un modo de relación interpersonal destruiría cualquier base de convivencia. No hay nada más esterilizador, más destructivo para la fraternidad que presentar un problema torciéndolo para despertar reacciones reflejas basadas en consensos que no vienen al caso. A diferencia de lo que es práctica normal en la política interna de tantas empresas, partidos, etc, en la filé no hay espacio para la estrategia con los otros en el dentro.
Las ideas no son personas
Las relaciones en el seno de la filé se basan en la comunicación simple y sincera, en el debate abierto con sus inevitables y sanos ñascos y diferencias.
Sabemos que no hay forma de evitar los roces y confrontaciones que merezca la pena. Sin confrontación y discusión no se aprende, así que hemos aprendido a discutir con tanta pasión como despersonalización de las ideas, que pueden desmontarse y volverse a montar sin que nadie se duela por ello.
A las personas se les juzga por sus actos pero las personas no se ponen en cuestión cuando se discunten ideas. Y cuando se valoran actos tampoco hay que perder el foco: de cualquier cosa se puede aprender, pero sobre todo de las decisiones que se demuestran erradas.
Las discusiones sobre ideas son apasionadas, pero no tienen por fin, en la deliberación, imponer un resultado igual para todos, como comunidad practicamos la plurarquía, osea la no imposición, siquiera democrática. Por eso funcione o no la seducción de los argumentos, haya o no ñascos en los debates, la imagen para un observador podría ser la de una tormenta de verano, cinco minutos después estamos riendo como siempre.
Más no siempre es mejor
Como toda organización o red social la filé indiana está limitada por su número. En el fondo, aunque sabemos que hay un límite, mientras estemos lejos todos querríamos ser más. Pero ser más no puede ser un objetivo. De hecho si se crece mal se llega a la paradoja de que para ser más hay que volver antes a ser menos.
La respuesta a la angustia del tamaño también es un quién, no un número. La filé es persona-céntrica o no es.
Cada tallo de yedra tiene la potencialidad de una enredadera entera, de muchas enredaderas. Ese es el secreto del entusiasmo, de la confianza, del atrevimiento permanente que permite explorar. Sin el sueño tangible de crecer sólo queda la tristeza de marchitar. Y precisamente por eso, a veces, para ser más, hay que ser menos.
El proselitismo simplemente no tiene sentido cuando lo que se busca es compartir y construir con iguales, con otras personas que compartan valores y objetivos porque previamente los han hecho tan propios como nosotros mismos.
No miramos sobre el hombro al mundo
Estamos orgullosos de nuestra vida y de nuestro proyecto, de vivir aprendiendo y de ser útiles a nuestro entorno. Pero no es aceptable ser sobrados, el mundo no necesita que le vayan dando lecciones ni les evangelicen de nada.
Nos gusta que la gente cuente con nosotros pero no que dependa de nosotros. No perseguimos reconocimiento externo, no buscamos ser famosos ni que nos digan lo buenos que somos, nos gusta aprender y recibir de todos, pero decidir por nosotros mismos en función de nuestras propias ideas.
La filé indiana es nuestro intento de vivir de un modo diferente al que nos venía dado. No pretendemos exportarlo ni imponerlo, convencer a nadie ni recibir reconocimientos de nadie. Tiene las puertas siempre más abiertas para salir que para entrar.
Vivir en libertad, en un entorno de fraternidad tangible, entre iguales que nos importan, es una maravilla sin necesidad de nada más.



