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Mitra

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Tauroctonía de un mitreo encontrando Sterzing (Tirol del Sur)
Tauroctonía, museo arqueológico de Frankfurt on Main[2]
Mitra tocando la lira
Helios en un mosaico del mitreo de Mérida (155 EC)
Sello a partir del mosaico anterior
Mitreos conocidos en Hispania
El cuervo en la tauroctonía en un mitreo de Pisa
Tauroctonía
Cautes y cautopates.jpg
Detalle: Cautes y Cautopates en la fachada románica de Olcoz[3](junto a Eunate, Navarra)
Portada romática de Olcoz con Cautes y Cautópates a ambos lados, seguidos por cuélebres y coronada por dos lobos

El culto romano de Mitra, el Sol Invictus, es el primer mito en el que la libertad no aparece como estado político sino como un bien moral.

Contenido

Contexto

La lógica de la religio romana era la de la transmisión y celebración permanente de los valores que se consideraban fundamento de la cohesión social.

Cuando el sistema republicano entra en descomposición sin embargo, aparecen una serie de cultos en los que el centro del relato no son las actitudes sociales, sino las individuales. Se hacen populares las biografías y autobiografías edificantes, sectores crecientes de la población buscan en dioses orientales y cultos iniciáticos, alimento para una introspección que originalmente era ajena a las tradiciones romanas. En vez de las interpretaciones cosmológicas, pertinentes en sus orígenes persas, el ciclo de Mitra tal y como queda configurado en los primeros siglos de la era cristiana, debe leerse como parte de la «vuelta a la comunidad» que siguió a la constatación del fracaso del sistema imperial para restaurar los valores republicanos.

El ciclo mitraico romano es especialmente interesante precisamente porque elabora, sobre la cosmogonía de un dios anterior persa, un relato moral en el que por primera vez, un humano es el centro y es caracterizado como un ser ético y soberano. Las ideas de inteligencia, abundancia y libertad aparecen por primera vez en su forma contemporánea (la Libertas republicana no era una libertad moral, sino libertad pública) y vinculadas a través de una reflexión moral en la que la duda y la decisión se colocan en un plano superior al destino o la voluntad de los dioses.

La relación entre el culto de Mitra -especialmente extendido en las legiones y entre los mercaderes cosmopolítas- con la descomposición de la sociedad romana es evidente. El mitra romano no es un dios-hombre, sino un hombre genérico que se gana un espacio propio frente a los dioses produciendo abundancia para todos. Este carácter genérico y humano se subraya en la idea de que el ciclo en si mismo tiene un fin, intuyéndose un nuevo ciclo semejante.

El mito

Mitra nace de una roca que toma vida. En su mano un globo terráqueo toma forma con él. El nacimiento de una sola persona -y veremos que Mitra en realidad simboliza a toda persona- es el nacimiento de un mundo, sólo aquello que representa a la Naturaleza le acompaña. Nace con una antorcha (foculum, pequeña llama) la inteligencia y un gorro frigio. El gorro frigio era el símbolo en la época que se entregaba a los esclavos que se liberaban. Es decir Mitra, al nacer, recibe de la naturaleza libertad e inteligencia. Saturno (la Naturaleza cultivada) le entrega además un gladio, una espada corta, un instrumento de lucha.

A partir de ahí los relatos difieren en el número de aventuras y su objetivo, seguramente respondiendo a distintas necesidades culturales locales. Pero vuelven a confluir en el relato de la Tauroctonía y ascensión solar:

Un día Mitra recibe la visita de un cuervo, el mensajero de Helios (sol), Mercurio (comercio), etc... El cuervo le encomienda una misión y se la presenta como fatum, como destino decidido por los dioses. Lo interesante aquí es que Mitra duda. No sabe si atender la orden de Helios o no. ¿Por qué? Porque no entiende su finalidad. Lo que el mensaje le ordena es que encuentre al toro originario, un ser gigantesco y anterior a él y que sacrifique su muerte en una cueva elegida por el mismísimo Helios.

El toro representa lo existente, lo anterior, lo que vive en el mundo en el que Mitra ha nacido... y su destino es matarlo?? El episodio de las dudas y cabilaciones se prolonga, mostrando claramente la soberanía de Mitra para remarcar que es él quién elige su destino, que no son los dioses los dueños de sus actos sino él mismo... aunque la decisión la tome sin saber y entender en su totalidad el deseo de Helios.

Cuando Mitra encuentra al toro y se enfrenta a él, descubre que sus fuerzas no son suficientes para derrotarle. Intenta entonces cabalgarlo, domesticarlo. Pero tampoco puede. Opta finalmente por resistir asido de sus cuernos... y tras una agotadora cabalgada por el mundo, la estrategia funciona: el toro cae exánime.

Pero ahí no acaba la tarea. Mitra debe llevarlo a la cueva. Cansado, con el monstruoso toro sobre sus hombros, emprende un camino que será doloroso y agotador. La imagen es potentísima: el peso del viejo mundo, el peso de las propias decisiones, la resistencia, ahora, a interrumpir la tarea...

Finalmente llega a la cueva. Es acompañado de Cautes (aurora) y Cautópates (ocaso) que le abren el paso con antorchas. Está angustiado (y es curioso como este rasgo es destacado en las interpretaciones de la tauroctonía), busca a Helios con los ojos, pero finalmente -con el gladio regalado por Saturno- corta la yugular del toro. Espera que mane un torrente de sangre... pero fluyen sin parar granos y vegetales comestibles. Aparecen un lobo (a veces un perro) que simboliza aquí a la Humanidad disfrutando de la abundancia que Mitra crea mediante el sacrificio (=acto significativo) que culmina su tarea. También aparece una serpiente (conocimiento/rejuvenecimiento) y Mitra entiende entonces el significado de su misión. Y de hecho la excede: corta el sexo del toro y de la herida brotan las especies domesticables. El constante fluir de vida y diversidad solo se interrumpe cuando un escorpión (la muerte) pica en los testículos al toro. Ni siquiera el acto creador escapa de ese destino.

Entonces el cuervo trae un nuevo mensaje: Mitra ha de llevar a campo abierto la carne de la res para preparar un banquete. Un león (el rey del mundo que ha muerto) y que había aparecido, en algunos relatos, junto al lobo y la serpiente, le ayuda a despedazar y portar el abundante alimento surgido del sacrificio.

Cuando llega, Helios le hace un homenaje, se postra y le coloca su corona solar. Mitra es un dios ahora. Y es dios por haber creado un mundo que ahora está naciendo. El mensaje es claro: si las personas cumplen su destino transformador, la vida llegará -tras la duda, la lucha, el esfuerzo y una serie de actos significativos- a convertirse en una celebración de la abundancia en la que los propios dioses se postrarán ante el poder del cambio.

Tras disfrutar con todos los seres del banquete de la abundancia, Helios llama de nuevo a Mitra. Llega el ocaso de su propio mundo. Como ya nos había contado el escorpión, Mitra -y su creación- siquiera se gane ser un dios, no desconocerá la muerte. En un carro de fuego ambos se elevan hacia el ocaso.

Características de las celebraciones mitraicas

Los cultos se practicaban en mitreos, muchos de ellos cuevas cercanas a ríos o cauces de agua. Sin embargo la mayoría de los que han llegado hasta nosotros eran construcciones anexas a casas o establecimientos militares.

Ver también: Mithraeum.eu
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La forma, muy similar a la de los actuales templos masónicos, permitía la celebración de banquetes rituales. A veces, además de un atrio o salón de pasos perdidos, se incorporaban vestuarios y piscinas para baños (como en Mérida).

Las comunidades no podían tener más de 40 varones de manera estable, cuando se superaba a ése número -antes en todo caso de alcanzar el medio centenar- la comunidad se dividía en dos (lo que nos remite al número de Dunbar)

El relato del mito se transmitía a través de siete niveles y tras una iniciación cuyo objetivo era exaltar la serenidad del iniciado

Originalidad y trascendencia del mitraismo

La mayoría de los historiadores de la religión comienza por destacar la particularidad que el mitraismo representa en relación tanto a la religio como en relación a los cultos mistéricos tanto clásicos como orientales, de los que se diferencia fácilmente pues simplemente no tiene elementos sobrenaturales.

Y es que a pesar de que se ha destacado mucho su relación con el cristianismo -pues el cristianismo tomó de los mitreos no poca cantidad de símbolos e incluso relatos y ceremonias[4][5]- el Mitra romano nunca se pretendió un dios material, histórico, que interactúa con los humanos como el dios persa del mismo nombre o su equivalente judío. De hecho, no es -como todos los dioses de la religio- más que una metáfora. Lo particular es que no es la metáfora de un valor, una actividad o un comportamiento social, sino del camino vital y las potencialidades presentes en cada persona.

En realidad el mitraismo es pura y simplemente el primer programa de desarrollo personal del que tenemos registro histórico. De ahí su trascendencia y la reaparición constante de elementos que le son originales en las principales formas de ceremoniosidad de la comunidad real[6] posteriores, y en especial en las de los gremios medievales[7].

Ver también: Mitra y la vida interesante
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